Pobres niños. Les echaré mucho de menos, pero tiene razón mi
madre, es mejor que pasen con ellos la noche, que no vaya a recogerlos al
volver del hospital. Que se queden esta noche, al menos, quizá alguna más.
Hasta que esto acabe, de una manera o de otra. Mi madre cree que será bueno
para mí, que sola podré descansar y estar más tranquilla. En eso se equivoca,
no me encuentro nada bien cuando me quedo sola y me dedico a pensar.
En lo que sí acierta en que ellos, los niños, se distraerán.
Que sufren y se preocupan porque me ven nerviosa, triste. Sobre todo Emma.
Quique es demasiado pequeño aún. Pero Emma, mi dulce Emma, se da cuenta de
todo. Es muy sensible. Lo intento pero no puedo. Trato de respirar y actuar con
calma y ser convincente cuando les digo que lo que le ocurre a su padre no es
nada grave, que pronto volverá, que no pueden ir a verle porque donde está no
dejan entrar a los niños, para que no se pongan malitos. Pero no soy capaz. No
me domino. Es demasiado fuerte la emoción cuando hablo de él.
Se enfadaría si me viera fumando. Lo dejé por él. Notaba que
le molestaba que lo hiciera, y él a mí me gustaba tanto…He tomado muchas
decisiones, casi todas, pensando en él, en como valoraría lo que hiciera. Me
hizo recuperar la sonrisa y el ánimo. Él consiguió, y aún consigue que desee
ser más guapa, más lista, más inteligente, mejor amante...Me propuse que
siempre me mirara como cuando me dio el primer beso. Ese beso con torpe
delicadeza, con cariño apresurado. Me hizo sentir que no podía contenerse, que
era algo que había estado deseando con intensidad desde hace tiempo.
Él no me pide ningún cambio expresamente, pero el agrado o
desagrado que muestra, lo que opina de otros, lo que dice que le gusta o le
molesta, rige mi conducta. A veces me enfado con él porque creo que no consigo
cumplir sus expectativas, por mucho que me esfuerce. El que no ha dicho nada, o
cree no haberlo dicho, se sorprende de mi reacción.
El tráfico está horrible. Lo esperaba en un día de lluvia.
En parte me alegro, quiero estar el menor tiempo posible en el hospital. Pero
tampoco quiero llegar demasiado tarde y perderme la visita. Tú en este atasco
estarías tan tranquilo, como siempre tan tranquilo. Gracias a eso me serenas y
me das paz, aunque a veces me pregunto si algo o alguien te importaba de
verdad.
Quince minutos hasta que sea la hora. Tengo que ir a la sala
de espera. Estarán ya sus padres, claro. Su madre me saludará correcta pero
fría. Como siempre ha sido conmigo. Sé que piensa que no soy lo suficientemente
buena para su hijo. Me duele, pero, siendo honesta, tampoco puedo culparla. Yo
misma lo he pensado muchas veces.
Ella hace grandes demostraciones de su preocupación y su
dolor. Seguro que luego le dice a su marido que yo parezco muy poco afectada,
con lo grave que es la situación.
Después del saludo, apenas hablamos. Se me hace eterno el
tiempo el tiempo allí. Si simplemente entrar en un hospital ya me hace sentir
agobiaba, esa sala de espera de la UCI, llena de gente, en la que se siente
dolor, tristeza, y la cercanía de la muerte, me hace sentir físicamente
enferma. Me abrazo, me encojo, y trato de mirar a aquellos que parecen más
relajados, a los que saben que el suyo, aquel que viene a visitar, saldrá pronto
de allí, que pronto ganará fuerzas y se recuperará.
Ya nos toca, pasamos. Mi suegra le
habla. Y me mira esperando que yo también lo haga. No soy capaz. No puedo
apenas mirarle. Me rompo por dentro. Siento mucho más de lo que ella puede
imaginar. No sólo siento dolor, no sólo siento tristeza, siento vergüenza,
siento culpa. Una terrible culpa.
No quería hacerte daño, te lo
prometo. Sólo quería recuperarte o al menos retenerte. Te necesito tanto, eres
tan importante. Demasiado importante. Y esta vez estaba segura que podía
perderte.
Siempre lo he temido, es verdad.
Ha sido la principal razón de nuestras discusiones, desde que empezamos a
salir. Tú me reprochabas mis celos, decías que todo estaba en mi cabeza. Qué
debía dejar de pensar así, y no solo por él, por mí misma, porque sufría sin
motivo. Y yo acababa reconociendo que sí, que era mi imaginación, y te pedía
perdón. Sabía que era muy insegura, quien puede no serlo no cuando depende
tanto de lo que no puede controlar. Trataba de contenerme. Trataba de dominar
mis temores por el miedo a que te hartaras de mis celos y decidieras dejarme.
Miedo intentando dominar el miedo.
Miedo que es incapaz de convivir con la confianza, aunque sea motivo para
aparentarla. Creo que he sido una buena actriz en general, aunque haya tenido
motivos de debilidad. Diría que tú pensaste que ya no sospechaba. Pero nunca he
dejado de buscar pruebas de que no me querías, de que estabas con otra. Pruebas
que no he encontrado hasta hace unas semanas.
No imaginas cuanto me dolió. Pensé en irme pero sólo fue un
instante. Como podría estar sin ti. Estuve muchas veces a punto de estallar. De
llamarte mentiroso y golpearte. Pero no lo hice. No lo hice aunque eso estuvo a
punto de llevarme a la locura. No lo hice porque después de eso no podríamos
continuar.
No fue venganza. A pesar de todo no te odio, o mucho menos
de lo que te amo, de lo que te necesito. No pretendía causarte un daño grave.
Sólo lo suficiente para que estuvieras cansado, para que no te apeteciera
salir, para que te quedaras en casa y yo pudiera cuidarte. De algo debía
servirme mi licenciatura en químicas.
Y lo conseguí, tuvo efecto. Creo que conseguí recuperarte.
Pero temí volverte a perderte cuando dejara de hacer efecto, y aunque la dosis
fue muy reducida, la prolongué durante demasiado tiempo.
No debe ser fácil para el doctor decirnos, otra vez, que están haciendo
todo lo posible, pero que lamentablemente no han llegado a averiguar cuál es la
causa, el origen. Y yo no sé cómo
esconder mi rostro lleno de culpa. Tal vez si estuviera sola confesaría. Tal
vez sola con el médico me atrevería. Pero con su madre al lado. O quizá no.
Seguramente sola tampoco diría nada. Soy una cobarde. Y estoy muy cerca de ser
una asesina.
Salgo del hospital. Me despido apresuradamente de mis
suegros. No sé qué voy a hacer esta noche. Me pongo a conducir sin destino.
¿Quién me llama? Es el hospital. ¿De verdad, creen saber la
causa? ¿Será muy largo el tratamiento? ¿Se recuperará completamente? Sí, es muy
raro. No tengo ni idea de cómo…Claro, contestaré sus preguntas. Sí, sí,
entiendo que tengan que informar a la policía.
Tengo mucho miedo. Pero me siento también liberada. Espero
que los niños estén bien sin mí.
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